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Nick: SusanaGto (1 artículos de 1 lugares)
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Kadacaamán: recordando a Baja...
Rodeada de cerros llenos de cactus y piedras, salía temprano de aquella casa, con la bendición de la señora Vicky y con el sabor de boca de unas ricas quesadillas, una dulce avena con leche, o bien de unos simples y divertidos chocokrispis. Con un gustazo agarraba la bici que me prestaban, salía, sentía el aire fresco y sobre un camino de terracería me dirigía atravesando algunas casas, una austera capilla moderna para pronto integrarme al camino pavimentado adornado por palmeras de dátil, pero eso sí primero atravesando el río de San Ignacio, el cual, volteando hacia la izquierda podía ver el Cerro Colorado; era como voltear y decir buenos días a mi Dios existente en aquella península, era la foto de un oasis, de esos que alguna vez imaginamos.
Rodando en esa bici, de la manera más novata que se puede, continuaba el camino hasta desembocar en la pequeña plaza adornada por frondosos árboles de la India, a mi derecha podía ver la bonita e histórica iglesia, mejor dicho la misión de San Ignacio de Loyola, la cual llamaba mi atención por sus anchos bloques de roca volcánica. Rodeando a la plaza, podía ver las calles con viejas casonas y con tiendas típicas de pueblito, algunas viejitas vendiendo ricos pays de dátil, las clásicas maquinitas, y algunos trocas "Me fui pal norte" rodeando a la plaza, entonando música norteña, siempreee, o algunas veces le cambiaban al hip hop americano.
Mi punto destino era una oficina sencilla y bonita enmarcando las calles que rodeaban la plaza, en la esquina, pintada de colores, estaba el espacio del equipo Kuyimá, gente soñadora, chambeadora y eso sí! Gente común, con familia, que por ser pioneros de un tipo de turismo en el lugar, a veces eran vistos con ojos de recelo dentro del pueblo, y otras veces con miradas de admiración por sus esfuerzos.
Disfrutaba mi trabajo, el tener la posibilidad de estudiar una península tan inmensa y tan abundante en recursos, para poder platicar a los visitantes; el poder ayudarles y explicarles detalles antes de su llegada, hacía buenos amigos antes de conocerlos en persona. El ambiente laboral, era en realidad un ambiente de familia y me sentía como en casa. Tenía la oportunidad de conocer las riquezas de este lugar, de convivir con la gente, de tocar las ballenas, de probar las ricas tortillas de harina, ya fuera con rico pescado en la laguna, o bien con la clásica y sabrosa machaca para las idas a la Sierra. Trabajaba casi siempre en las tardes, y todos los días, incluyendo los domingos. Así que tenía posibilidad de disfrutar las mañanas, caminando alrededor del pueblo, subiendo a los cerros, guiada por mi amigo niño del lugar, mostrándome sus lugares secretos.
Los antiguos pobladores, los cochimíes, llamaban a este lugar Kadacaamán que significa "arroyo del carrizal", y a principios de los 1700s los jesuitas descubrieron este discreto paraíso. Ahora es un lugar tranquilo, lleno de gente orgullosa de su lugar, y con la fama regional de ser flojos, cosa que nunca logre percibir. Lo que sí es que, tanto los aires de pueblo, como el desierto, las ballenas y pinturas de añales atraían visitantes de todas partes del mundo. Al son de "les baleines", "good morning", "la palomilla", "la plebe", "arigato", "au revoir", la gente se comunicaba y se entendía.
En general, les puedo comentar que este lugar en la Península, es un lugar privilegiado para los locales como para los visitantes quienes se asombrarán del tamaño y comportamiento de tan impactantes mamíferos, y también se transportaran a sentir la presencia de culturas milenarias a través de las pinturas rupestres.
Continuará...