Cerca del mercado municipal, se encuentra el "Palacio de la Alfarería". Las arcadas de su fachada y su nombre impreso en ellas, demuestran la importancia de esta actividad.
Llegamos a este lugar motivados por un panfleto que nos dieron en el mercado. Este decía "Todos los días de 11 a 14 hs. clases gratuitas de modelado en barro".
El interior del palacio está distribuido como una galería donde cada artesano tiene su puesto.
En el centro, hay una mesada de madera bajo un techo. Allí, Alberto y Marcos hacen de maestros.
Elegimos un molde sencillohecho en yeso y comenzamos a trabajar el barro.
Y aquí la historia...
Lo que modelábamos básicamente era arcilla. Pero ellos lo siguen llamando "barro" por respeto a la tradición. Dicen que aquel barro es único porque sólo se consigue allí dadas las propiedades de la tierra. Esta tierra se da propicia en determinada época del año y se mezcla con "plumilla", otro elemento autóctono. A esto se le adiciona agua lentamente y así se obtiene el barro. Debe conservarse cubierto de un plástico, en un lugar fresco y seco. El plástico sirve para evitar que se seque.
Una vez rellenado el molde totalmente, se desprende la figura. Se deja secar unos minutos y se procede a perfeccionarla, recortando con un cuchillo el excedente de material. Nuevamente se deja secar a la sombra el tiempo que según el tamaño de la pieza, requiera. Y luego se cuece en horno. Allí es cuando el gris oscuro y frío toma un color marrón anaranjado y cálido.
El toque final es la pintura y el barniz. La pintura hoy es acrílica, antes era a base de pigmentos naturales.
Cada artesano crea sus propios moldes y artesanías. A veces se copian entre sí, pero aún subsisten los auténticos y tradicionalistas. Un ejemplo de aquello es la familia Garma.