Cuenta la leyenda que allá por fines del siglo XVIII, el constructor y dueño de la casa quería hacerla más alta de lo que fue, pero los regidores de la época se lo impidieron porque sería más alta que el palacio de gobierno. Aquel en venganza, hizo las estatuas de su fachada (muñecos) que representaban de manera peyorativa a la realidad doméstica que caracterizaba a cada regidor. De ahí provino su nombre.