Es un lugar encantador cuyo ambiente te absorbe a disfrutarlo por varios días.
Al llegar al puerto de entrada, te encuentras con una de sus caras más bonitas: el contraste de los pequeños barcos coloridos de madera con el turquesa del agua.
Tiene el alma de un pueblo pesquero con la virtud de un entorno caribeño. Es pequeño pero tiene todo lo necesario para pasar una estadía relajada y agradable.
Del lado norte de la isla, sus playas le roban toda la calma al Mar Caribe y del lado opuesto contrastan las olas rompiendo rítmicamente contra las rocas.
Su arquitectura isleña de casas bajas y coloridas a puertas abiertas completa la calidez del lugar. Por las tardes, pasear por el pueblo es lo más acogedor.
¿Qué hacer?
Se puede recorrer la isla a pie, en bicicleta o en carrito de golf.. En bicicleta es toda una aventura. Te sientes libre, te puedes meter en cualquier rinconcito y frenar cuando y donde se te antoje. Y lo mejor de todo es no te cansas porque la isla es pequeña y se puede recorrer en medio día, tranquilo y parando. En ciertos tramos, el aire del mar te golpea en la cara generando una sensación de frescura y convivencia con la naturaleza.
En dirección hacia el sur, hay un punto en el camino donde al girar la vista hacia ambos lados se puede apreciar el mar en sus caras opuestas. En el extremo sur de la isla, está el faro que ofrece una vista de 360º hermosa que abarca Cancún, la bahía que encierra a un lado y el mar abierto al otro. Hay también unas pequeñas ruinas mayas y allí acaba el territorio continental mexicano.
En la punta norte están las mejores playas, amplias y con un mar extremadamente tranquilo.
En el puerto se pueden contratar excursiones en bote o lanchas que te llevan a navegar por el mar Caribe dentro su área protegida hasta llegar a la zona del Garrafón. Toda esta área protegida es dueña de una belleza singular impactante. Hacer snorkel allí es la mejor oportunidad de disfrutar plenamente de ese escenario natural tan impecable. Hay un tour que hace este recorrido y además termina el día disfrutando de un pescado casero a orillas del mar. Dura 4 a 5 horas y cuesta u$20 aproximadamente por persona.
Al caer el día, Isla ofrece un espectáculo que no se encuentra fácilmente en el Caribe Mexicano: el atardecer en el mar. La velada continúa en el centro del pueblo donde el juego de luces, el vaivén de la gente paseando, los lugareños sentados en los umbrales de sus casas y los aromas a comida, te envuelven en un ambiente muy ameno.
¿Dónde comer?
Hay mucha variedad de restaurantes y tipos de comida, en el centro y la playa. La especialidad son los pescados y mariscos. Los restaurantes ubicados a orillas del mar en la cercanía al puerto son los más sencillos y a mi gusto los que ofrecen los platos más frescos y deliciosos, y sus precios comparativamente son mejores. Picus es uno de los más tradicionales, exquisito y barato, mientras estás sentado con los pies remojándose en la orilla del mar.
¿Dónde dormir?
Aquí también hay diferentes opciones que varían en categoría y calidad de servicio. Las hay sobre la playa y en el centro. Algunas ofrecen servicios alternativos de spa y técnicas modernas y ancestrales de relajación Los precios varían muchísimo, y se pueden encontrar oportunidades económicas. Hay un hostal ya popular y muy concurrido, Pocná, sobre la playa (u$10-12 por persona, dormitorio compartido). Y si se trata de un lugar romántico, relajado y confortable, sobre la playa, Casa Ixchel es una opción perfecta (u$100 y más, habitación doble con servicios de spa, jacuzzi, etc.).
¿Cómo llegar y moverse?
Hay que tomar el ferry en el puerto de Cancún. Tiene un horario muy amplio toda la semana y el boleto cuesta $70 ida y vuelta. Desde la Terminal de autobús ADO de Cancún se puede tomar un colectivo hasta el puerto (u$0,50) o bien un taxi (u$1,50).
Dentro de la isla, te puedes mover a pie, alquilar una bicicleta, una motocicleta o un carro de golf. Los precios son accesibles.