Busca cómo llegar o cómo moverte en Real de Catorce
Llegar a Real de Catorce es entrar a un túnel del tiempo. Literalmente lo es cuando para ingresar a la ciudad tienes que atravesar los dos kilómetros del Túnel del Ogario construido en el siglo XVIII.
Este pueblo está enclavado en medio del altiplano potosino, una región hermosa donde las montañas se elevan sobre los desiertos áridos y frondosos de cactáceas silvestres.
Real de Catorce fue como la capital del desierto potosino en épocas de bonanza minera. Y todo el legado arquitectónico se ha mantenido en pie hasta la fecha, en forma de ruinas o pueblos fantasmas, pero ahí presente está.
Los veinte y tantos kilómetros antes de llegar a Real, son maravillosos. Un camino adoquinado, con el desierto y las montañas a ambos lados, que ya te anticipa sensaciones.
El paso lento que el adoquín te obliga a dar, favorece a que contemples el paisaje en perfecta armonía.
Cuando llegamos a la boca del túnel, había cola de autos esperando para pasar! No lo podía creer. Un señor se nos acercó, nos cobró un boleto para pasar y nos dijo que en unos minutos pasaríamos, ya que pasaran los que venían del otro lado. ¡Qué cosa más exótica y linda! Llegó nuestro turno y a buen ritmo, atravesamos el túnel de luces tenues. Al otro lado, estábamos en Real de Catorce.
O pasa la gente o pasan los autos. Las calles son tan estrechas y con pendientes muy abruptas que transitarlas es toda una aventura. Calles empedradas y casas de piedra y adobe enmarcan el escenario del pueblo. Faroles antiguos, balcones y ventanas de hierro forjado, puertas de madera conservan el viejo estilo colonial. Muchas casas están en ruinas.
El sabor a viejo de Real de Catorce hace a su encanto, sus colores armonizan con el paisaje de alrededor. Salir a perderse entre sus calles es muy lindo, te traslada a su historia.
En pleno centro, junto a la placita principal, está la Iglesia Purísima Concepción con el ornamento suntuoso de otra época. Pero a unas cuadras, dentro del cementerio, está la Capilla de Guadalupe, con todo el folclore popular plasmado en su decoración y arte. En el piso hay sepulturas de ciudadanos que fallecieron entre los siglos XIX Y XX, hay murales pintados al fresco muy coloridos, imágenes de santos con sus velas y ofrendas alrededor. Frente al cementerio está la antigua plaza de toros. Y el cementerio en si mismo tiene una fachada muy pintoresca con una barda hecha en piedra labrada.
Hacia los extremos del pueblo, los paisajes de montañas y cactáceas son impresionantes. Caminando sin rumbo se encuentran postales fotográficas sorprendentes.
Salir a recorrer los alrededores de Real, es agregarle más capítulos a la historia de esta región. Ni bien llegamos nos recomendaron subir hasta el monte que está junto al pueblo fantasma para contemplar desde ahí el atardecer, enseguida se nos antojó. Fuimos caminando cuesta arriba y cada tanto mirábamos hacia atrás y admirábamos la vista de Real enclavado en el valle. Llegamos hasta el pueblo fantasma que así se llama ya que es un complejo de casas y edificios utilizados para trabajos de la mina que quedó abandonado, pero sus esqueletos en piedra se mantienen en pie. Entonces guarda ese misticismo fantasmagórico. El sol empezaba a caer y el frío seco se torna helado. Nos sentamos a contemplar el atardecer, rodeados de cactáceas. Los tonos de naranja y rojo intensos me regalaron una de las postales más lindas de ese viaje.
Tal cual cayó el sol, nosotros bajamos como tiro. Hacía un frío! Así es Real, durante el día aunque el aire es fresco y seco, el sol calienta, pero en la noche, el frío se vuelve muy intenso.
En Real de Catorce hicimos base unos días y aprovechamos a conocer más allá del pueblo. Tomamos un tour en un jeep de los años '50 que fue espectacular. Fuimos con un guía local nativo de la región, nos acompaño parte de su familia. Y en el jeep antiguo todo terreno recorrimos toda la región: partimos de Real, tomamos el antiguo camino real que bordea la montaña, visitamos los pueblos Refugio de los Catorce y Estación Carretas, conocimos la antigua Estación Catorce de ferrocarril, recorrimos el desierto sagrado Wirikuta, subimos hasta lo alto de otras montañas y llegamos a tres mil metros de altitud donde paramos en un bosque de encinos, conocimos otras minas y socavones antiguos ya en ruinas, el pueblo Villa Luz y conocimos de leyendas y la historia de toda la región así como de las propiedades de la cactáceas diferentes que cubren las planicies. Fue un tour cargado de cultura y naturaleza, con un toque de aventura y un lindo intercambio social.
Otro día hicimos el camino que los huicholes toman para llegar a su centro ceremonial en la cima del Cerro del Quemado, dentro del área de Wirikuta (su desierto sagrado). Hay gente que lo suele hacer a caballo, pero nosotros preferimos caminar y fue un hermoso trayecto, de retiro espiritual, de convivencia con el entorno natural en completa soledad. Es una hermosa experiencia en todos los aspectos.
En todos los caminos, se encuentran ruinas de minas y haciendas de beneficio de siglos atrás. Es increíble que hasta un siglo atrás hubiera tal desarrollo en la región y que hoy solo queden ruinas de eso.
Real de Catorce y sus alrededores es un espacio que se presta para estar tranquilo, disfrutar de la serenidad del paisaje, del silencio del pueblo, de convivir con gente que se acerca por ahí motivada por la mística del lugar, caminar y encontrar rincones fotográficos, explorar las ruinas de los pueblos mineros, contemplar escenarios naturales de una belleza única.
El altiplano potosino sin duda es uno de los lugares más bellos de México.
¿Dónde comer?
Dado el tipo de turismo cultural que llega a Real de Catorce hay varios restaurantes de comida fusión mexicana-internacional, con un hermoso ambiente. También hay fondas sencillas de comida corrida y antojitos y puestos callejeros que venden las típicas enchiladas potosinas (tortillas rojas de maíz – saborizadas con chile rojo- relenas de queso) como también buñuelos fritos de harina.
¿Dónde dormir?
Del mismo modo hay una buena oferta de hoteles. Muchos hoteles están acondicionados en casas originales del pueblo, con su arquitectura típica y con arte mexicano, muy lindos por cierto. Estos suelen ser de precio más alto pero a su vez ofrecen un gran servicio al huésped. Hay hospedajes más simples y de menor costo también.
Nosotros nos quedamos en el hotel Mesón del Refugio, un hotel muy acogedor y confortable. Tiene pocas habitaciones lo cual lo hace muy íntimo, un diseño muy lindo y un ambiente muy agradable. Está acondicionado en una antigua casa que fue remodelada. El techo y las paredes son de vidrio permitiendo que entre la luz del sol durante el día y caliente el ambiente y al mismo tiempo ver el cielo desde adentro le da su toque especial. Los desayunos que sirven son muy caseros y ricos. La habitación doble cuesta entre $850 y $1000 mx.
¿Cómo llegar?
En auto tomas la carretera 57 hacia Matehuala. Unos kilómetros antes (si vienes desde Monterrey o Saltillo) o después si vienes desde San Luis Potosí, está la desviación hacia Cedral y Real de Catorce. Pasando Cedral estará la desviación hacia Real de Catorce, el tramo final es un empedrado hermoso, es uno de los caminos ruteros más hermosos de México. Son unos 24 km que se harán en 40 minutos.
Para llegar en autobús, hay que llegar a Matehuala (desde Monterrey, D.F., San Luis Potosí, etc.) y desde Matehuala salen autobuses con gran frecuencia diaria ida y vuelta a Real de Catorce: (7.40, 11.40, 13.45 y 17.45 hs.), el recorrido toma una hora y cuarenta minutos ya que para varias veces y cuesta $49 mx.