Cañonismo en El Salto
Opiniones en comunidad

diciembre 6, 2009

Una experiencia de aventura con un espacio para la reflexión personal. El cañonismo es una actividad de aventura, puede ser además turística, recreativa, deportiva y espiritual (o psicológica también), ya les contaré.

Fuimos a hacer cañonismo a El Salto en Tamaulipas con la gente de Emotion Team quienes oriundos de Nuevo León tienen experiencia abundante en actividades aventureras y extremas, pero sobre todo hacen mucho hincapié en el factor humano dentro de la actividad misma.

Desde Monterrey partimos hacia El Salto, cerca de Jaumave, en Tamaulipas. ¿Cuatro horas de viaje para llegar a un cañón? Así es, la aventura requiere de actitud. Dejamos la camioneta que nos transportaba, caminamos hacia el inicio del recorrido, preparamos nuestros equipos: arnés, chaleco salvavidas, casco y listos para empezar.

A los diez pasos, ya nos invitaron a hacer el primer salto, eran unos dos metros de altura. Era una excusa para meternos al río y caminar a través de él, en vez de caminar por tierra a su lado. El día estaba cálido pero no caluroso, bastante adecuado para esta actividad. El agua estaba fresca, confortable.

Caminamos entre malezas, cruzamos el río angosto varias veces, nos enlodamos los pies hasta las rodillas y me animé a mi primer salto (al anterior no me había animado). Eran 3 metros, para mí una eternidad, debo confesar que siento vértigo a las alturas tipo abismo ¡aunque haya agua debajo! Ya zambullidos en el agua una vez más, nos dejamos llevar por la corriente. Cada tanto pequeñísimas caídas de agua nos daban un mayor empujón. Era muy divertido, eso de mojarte con ropa puesta, estar adentro de un río que fluye con energía y de repente te empuja una cascada te hace perder el control porque la estás pasando bien. Salimos a tierra nuevamente, aunque nuestros pies seguían pisando sobre esponjas cargadas de agua. Y de repente llegamos al verdadero cañón. Y con él, nuestro primer rapel. Siempre siento ese cosquilleo nervioso y me pregunto por dentro "¿qué cuernos hago acá?" Pero sinceramente después de unos tres o cuatro rapeles que me tocaron hacer este año, les fui encontrando la vuelta. Me gusta hacerlo porque si bien hay vértigo, con el rapel me siento muy segura. Mi estrategia: nunca veo por donde voy a rapelear antes de empezar y cuando empiezo tampoco veo hacia abajo hasta que siento que ya estoy a mitad de camino. Y así evito ponerme nerviosa y lo disfruto mucho, aún con toda la adrenalina corriendo por mi sangre. Fue el rapel más alto que hice, como 25 metros. A mi lado corría un salto de agua, mil veces más veloz que mi descenso. El primer tramo aprovecho a mirar hacia arriba y contemplar esa porción del paisaje, los lados superiores del cañón, el agua salpicando, el cielo celeste. Al llegar abajo, el rapel me depositó adentro del agua. Refrescante y relajante, porque el cuerpo se tensa tanto... desde el agua observé a Gorka cómo descendía.

Ya dentro del cañón todo había cambiado: el paisaje era diferente y las hazañas más complejas. Me concentré en disfrutar del paisaje hermosísimo de este cañón laberíntico. El agua estaba mucho más fría, el sol no penetraba, las paredes del cañón tenían una altura que rondaba los 20 metros. Y vinieron los saltos, de 2 a 4 metros, para mí casi imposibles. En el más chico me ayudaron, luego los bajé a rapel. El resto, los guías y Gorka se echaron unos buenos saltos. Y llegamos al segundo rapel, esta vez más bajo, bueno, digamos, porque eran 18 metros aproximadamente. Después del primero el segundo siempre es más fácil, aún cuando es de menor altura. Lo disfrutamos mucho. Y seguíamos dentro del río que corría por el cañón y más saltos se suscitaron. En una caída, uno de los guías y Gorka saltaron desde 12 metros de altura, ¡están locos!, grité. Qué linda adrenalina para ellos y para uno cuando los ve volar en caída libre.

Los saltos siguientes, una vez más, no me animé, pero pude bajarlos a rapel. Me sirvió para dominar cada vez más la técnica (excusa...). En ese momento Adriana, una de las guías me preguntó por qué sentía miedo y el momento espiritual, psicológico, mental apareció en escena. No viene al caso contarles ese capítulo, pero si compartir una anécdota de la cual aprendí.

Todas las actividades que hacemos nos ponen a prueba siempre, a veces creemos que por ser un juego, un deporte o una excursión, sólo tenemos que seguir el reglamento y pasarla bien, y que no hay lugar para el error o el decir "no puedo" o "no quiero", a veces tenemos miedo de mostrar una debilidad. Y aquí es cuando el factor humano es tan importante a considerarse dentro de cualquier actividad que hagamos, porque sólo permitiéndonos ser lo que sentimos o pensamos, aprendemos y la pasamos mejor.

Cuando llegamos al final después de un largo y complejo trayecto, me sentí bien, todo estaba conmocionado dentro de mí, pero lo había logrado, a mi manera.

El cañonismo implica mojarte, saltar, nadar, caminar, rapelear, sentir, pensar, hacer, y cómo sea, pasarla bien.

Fue una experiencia muy linda, divertida, entusiasta y muy humana. No hay duda de lo mucho que recomiendo hacer cualquiera de estas actividades con Emotion Team (en español, paradójicamente: "Equipo Emoción"). Ellos organizan todo tipo de actividades de cañonismo, escalada, senderismo, y más en Nuevo León, Tamaulipas y San Luis Potosí. Es gente muy profesional y responsable, ante todo, y por demás amigable y amable.

No dejen de probar, siempre hay una manera de bajar!

Contacto: www.emotionteam.com

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