Hoy la música de jarana está presente en todo el Sotavento, no sólo en los fandangos y el son jarocho, sino también en las danzas y eventos sociales trascendentes, pero los jaraneros o sus instrumentos de cuerdas también se incorporan e a eventos eminentemente rituales, especialmente cuando acompañan danzas tradicionales: entre los mixes de Guichicovi, Oaxaca, se toca el son con jaranas y marimbol, pero no se canta; entre los popolucas de los municipios de Hueyapan de Ocampo, Acayucan y Soteapan, las danzas del Muerto y del Tigre se tocan con jaranas, violín, bandolas y bandolinas; entre los mazatecos de Playa Vicente, Veracruz y del distrito de Tuxtepec, Oaxaca, la danza del Toxo Ho o del Muerto se toca con jarana segunda y tercera y a veces incorpora el arpa indígena; entre los Chinantecos de Ojitlán el son jarocho es esencialmente ritual y quienes zapatean en la tarima colocada en la iglesia son hombres vestidos como mujer, pues las mujeres están excluidas.
Este proceso es más claro en la huasteca, donde los sones de costumbre nutrieron y son una de las vertientes que dieron origen al huapango. Precisamente, el espacio de difusión del son jarocho y sus instrumentos, coincide con el espacio de influencia de tres importantes santuarios del Sotavento que pudieron ser el crisol de estas expresiones musicales que dieron origen al son; Otatitlán y Mecatepec, con sus Cristos negros, y Catemaco, con la Virgen del Carmen.
*fuente: Museo Regional de los Tuxtlas
