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Reserva natural del Flamenco Rosa ( ver perfil, clima, servicios ) 2008-11-03

Llegamos a Celestún con el armonioso y fresco atardecer sobre el mar. Nos pusimos de acuerdo con Manuel para partir el día siguiente a las 7 de la mañana a recorrer la reserva natural de Celestún.

La playa nos esperaba con el escenario de los pequeños botes de los pescadores. El mar hace madrugar a sus pobladores.

Arrancamos con los primeros rayos tenues de sol y la calma silenciosa del mar. Poco a poco y con la brisa fresca de la mañana en contra, la lancha se dirigía mar adentro para dar la vuelta en la pequeña bahía e introducirse a la ría. De repente estábamos en territorio campechano y de repente regresamos a territorio yucateco. Es que la reserva de los manglares está compartida entre los estados de Yucatán y Campeche.

El agua cada vez más tiesa. Las aves firmes y expectantes nos observaban al pasar. Se dejaban ver, garzas tigre, blancas y grises, cormoranes y pelicanos blancos. La profundidad del agua era cada vez más baja, pero el color rojo púrpura pintado por el tinte del mangle rojo no dejaba ver a trasluz. Los botes camaroneros y cangrejeros nos daban la pauta que estos animales deambulaban por la zona. Cangrejo azul es la especie del lugar, hermoso. Admirable era observar como estos pescadores artesanales realizaban su actividad. El camaronero se introduce al agua hasta el torso y arrastra una red en forma triangular para capturar a los camarones, a veces comienzan desde las 4 de la madrugada y el agua es fría.

Continuaba nuestro placentero paseo mientras Manuel nos contaba que la reserva fue declarada como tal en 1979 y el motivo fue que contiene 4 especies de aves endémicas, 140 especies de aves, es hábitat del flamenco rosa por las salinas y por las profundidades muy bajas que favorecen a su alimentación, en invierno arriban unas 170 aves migratorias y tiene un bosque petrificado. Ahí mismo paramos la lancha y bajamos a recorrer el bosque petrificado. Antiguamente era un peten, es decir, un bosque con fuente de agua dulce. En los últimos 70 años, los fuertes huracanes y tormentas tropicales provocaron que el mar le ganara territorio invadiéndolo con agua salada. Los árboles que se alimentaban de agua dulce, absorbieron agua salada y esto los petrificó al igual que los conservó tal cual. Actualmente ya se pueden ver nuevos árboles que están sobreviviendo, se ven verdes, un nuevo ecosistema está resurgiendo. Entre el bosque petrificado y el peten se pueden apreciar manglares de tres tipos. El mangle blanco tiene sus raíces hacia abajo para captar el agua dulce subterránea. El mangle negro tiene sus raíces hacia arriba y alrededor para captar el agua dulce de la lluvia y del rocío. Y el mangle rojo tiene sus raíces aéreas, es el más abundante en la ría y el encargado de colorearla con su resina.

Dejamos el bosque para ir tras los protagonistas de la ría. Algunos flamencos dispersos ya se dejaban ver. Estaban a la víspera de ser descubiertos. Y llegamos su punto de reunión. A lo lejos se divisaba una manta tupida de color rosa en contraste con el verde de los árboles y el rojo púrpura del agua. Una bandada de flamencos rosa posaba ante nuestros ojos maravillados por la preciosura que estábamos viendo. La lancha apagó el motor para no molestarlos y nos fuimos acercando con la leve corriente natural del agua. Elegantes, esbeltos, parsimoniosos lucían sus plumajes rosados y pomposos. ¡Qué espectáculo!

Luego de un buen rato de contemplación, nos dirigimos a entrometernos en los misteriosos canales que se abren naturalmente entre los manglares. Ahí mismo se esconden los ojos de agua dulce. Los canales eran estrechos, los manglares los encerraban formando túneles y apenas permitían la entrada de rayos solares. Ese juego de luces dejaba ver en el agua imágenes impresionantes: el reflejo de los manglares, árboles, cielo celeste como un espejo y los manchones rojo púrpura.

La acumulación intensa del colorante rojizo en el agua se debe a la época de marea baja. Recién cuando sea época de marea alta, el agua se renovara y volverá su tono original.

Y ahí concluíamos con el paseo alrededor de esta riqueza natural y espontanea, una experiencia cautivante.

En la playa del centro del pueblo de Celestun, hay una palapa y allí pueden preguntar por Manuel Ojeda Camal o Manuel Pech Solís, ellos organizan un tour completo que dura dos horas y media y te llevan desde allí a recorrer toda la reserva incluyendo: la intersección del mar y la ría, el bosque petrificado, el avistaje de aves y de flamencos, los canales de mangle, los ojos de agua dulce. En fin, el recorrido descripto anteriormente. Son oriundos de Celestún por lo que conocen muy bien el lugar y hacen un trabajo organizado y ecológicamente responsable. Ellos cobran alrededor de u$100 por lancha llevando hasta 8 personas. Los tours salen entre las 8 y 5 de la tarde.

En la entrada de Celestún, junto a la ría, hay un parador turístico y allí se pueden contratar tours, pero son diferentes. Hacen dos tours que dura cada cual una hora, uno te lleva a ver sólo flamencos y manglares y el otro sólo el bosque petrificado y la intersección del mar con la ría. El precio por tour y por lancha ronda los u$50, pero hay que sumarle el costo de entrada por persona (4u$) y por vehículo (otro valor) al parador turístico.

¿Cómo llegar?

Desde Mérida, sale un autobús de la terminal que está sobre la calle 67 entre 50 y 52. El viaje redondo (ida y vuelta) cuesta u$3,7, más barato que si se compran los boletos por separado y la vuelta tiene fecha indefinida. Los autobuses salen y regresan desde temprano en la madrugada hasta las 8 de la noche.

Nota:

Más información acerca de: dónde comer y dónde dormir, ver artículo de Celestun.

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