En lo que Chino Mosca preparaba la lancha, Ismael nos ofrecía un desayuno casero en su restaurante. Desde la mesa ya podíamos empezar a apreciar el paisaje de la ría.
Motor encendido, heladerita con bebidas, listos para arrancar.
Era un día privilegiado. El sol brillaba radiante, el cielo estaba celeste, el agua mansa y tan clara que dejaba ver sus diferentes tonalidades entre verde y azul.
A pocos pasos ya se veían flamencos rosas. Chino nos enseñó cada ave que nos sobrevolaba, sus colores, su canto, sus hábitos. Pudimos reconocer: pelicanos blancos que migran desde Canadá, águilas negra y pecho blanclo, garzas gris, blanca, tigre y chocolatera. Nos acercamos a cada manglar para observar sus diferencias. El manglar es una planta cuyas raíces se encuentran sumergidas, aquí hay manglar rojo, blanco y negro. El negro se distingue por tener unas hojas muy pequeñas que contienen salitre (al chuparlas se siente la sal). De su corteza antiguamente se extraía una resina que se usaba para curar la muela picada. Al aplicarse sobre la muela, ésta se descalcificaba y se rompía completamente, aliviando de manera definitiva y radical el dolor. El rojo contiene una resina con un tinte tan fuerte que colorea de rojo el agua. Su semilla es alargada y al desprenderse cae al agua y forma nuevas raíces. Antiguamente esta semilla se usaba como tintero.
El trayecto parecía eterno. La ría tiene una extensión de 40 km desde Río Lagartos hasta El Cuyo, población vecina. Continuamos conociendo el estero. De repente, un Martín Pescador posaba elegante en una rama. A lo lejos divisamos un peten (formación tipo humedal con vegetación de mayor altura). Y una montaña blanca brillante resplandecía al otro lado. Era la zona de las salinas. El rosado de los flamencos contrastaba finamente con el blanco salino. Agua de salitres, población de flamencos. El paisaje allí era algo de otra dimensión. Lenguas de arena separaban pequeñas lagunas de aguas sulfurosas con degradé de rojos y rosados. En sus orillas se acumulaban las artemias salinas y la espuma de sal. Las artemias salinas son el alimento de los flamencos rosas, por eso su color. Allí estaban en comunidad, luciendo su belleza. De repente agarraban vuelo en bandada ¡Qué espectáculo!
Luego de deleitarnos con tanta riqueza natural, llegó el momento recreativo. Flotamos en un lecho de agua abundante en sales minerales. Una sensación sublime. Era como sentir el efecto de caída libre en el cielo. Y después del efecto flotante, nos hicimos un baño de arcilla natural en todo el cuerpo. Así suena delicado cuando en verdad nos embadurnamos todo el cuerpo, por completo con la arcilla tipo fango que se extrae del mismo suelo. Así tal cual nos subimos nuevamente a la lancha y emprendimos la recta final del trayecto. Mientras tanto, la brisa y el sol nos secaban la arcilla, sintiendo la piel resquebrajarse. Nos llevaron hasta la salida de la ría al Golfo de México y allí permanecimos por una horita en la playa. Una playa de ensueño, arena suave, mar tranquilo, vegetación virgen y algunas palapas para repararse del sol. El mar nos quitó la arcilla y ya estábamos listos para descansar. Nos pasaron a buscar y de regreso nos esperaba un pescado "fresquecito" (como dicen en México).
A la mañana siguiente, día de pesca. Nunca antes habíamos pescado. Salimos cerca de las 7 de la mañana. Nos dirigimos hasta mar abierto a la zona de las barracudas. Allí, con un hilo tanza a modo de cordel, nos lanzamos a esta nueva experiencia. Ahora entiendo por qué dicen que la pesca es tan relajada. Estábamos sentados uno a cada lado del bote, jalando suavemente en un vaivén el hilo que cargaba una carnada en el anzuelo. El movimiento simulaba un pez nadando. Y poco a poco las barracudas siguieron su instinto. Probamos con la caña de pescar, pero la inexperiencia nos hizo perder unos peces en el intento.
Pegaban las 9 de la mañana, estábamos en ayunas, y había un ceviche esperándonos. El ceviche más fresco imposible. Y como buen pescador, destapamos unas cervezas (olvídense que dije las 9 de la mañana). ¡Qué buena vida!
Ambas experiencias fueron increíbles. La gente, de una humildad impecable.
Ofrecen diversos tours:
- Paseo para observación de flora y fauna, salinas, baño de arcilla y playa (u$70)
- Tour nocturno para observación de cocodrilos y tortugas (u$70)
- Tour de snorkel para observación de peces (u$80)
- Caminata a senderos para observación de aves con guía (u$30)
- Pesca con mosca , recreativa con ceviche, de fondo (u$150)
- Tour a Isla Holbox para ver el tiburon ballena (u$250)
Los precios son aproximados y son por lancha, hasta seis personas.